
Sin embargo el problema son mis vecinos. Este post es para que se burlen a gusto de mi caso.
La de enfrente, puerta con puerta, es soltera, vive con su mamá y con aproximadamente 6 perros. Joé, dijera el clásico, a lo que huele. Cuando llego en las noches, y al menor ruido, comienza la orquesta de ladridos. Eso medio pasa, lo rudo está en la mamá: Doña Lucy.
Doña Lucy ya tiene sus añitos, es noble, atenta y amable, sin embargo, Dios le dio una voz de “pito”, “corneta” y “megáfono” a la vez. Es como si taladraran tus odios cada que te grita “buenos días”. Ni hablar de cuando se pone a discutir…
En fin, pasemos a los vecinos de arriba. Un matrimonio “grande” como dicen las señoras. La “doñita” es “fans” de las plantas; mismas que pone en su balcón; mismas que quiere mucho; mismas que riega cada dos días; mismas que escurren sin reparo, con todo y tierra, en mis ventanas, puertas y ropa tendida.
Los vecinos de atrás (contiguo al patio trasero de mi casa) también son un matrimonio de edad avanzada. Tienen el “detalle” de enseñar a hablar a su perico. Sí, un maldito perico que silba: “Fiu, fiu” a las 6 am.
Si llego estresado del trabajo a querer descansar, me estreso más.

























